Primeros registros
En 1272 Eduardo I de Inglaterra en una proclamación prohibió la quema de carbón en Londres, cuando la contaminación atmosférica en la ciudad se convirtió en un problema.
La contaminación del aire continuó siendo un problema en
Inglaterra, especialmente con la llegada de la revolución industrial. Londres
también registró uno de los casos más extremos de contaminación del agua con
aguas residuales durante el Gran Hedor del Río Támesis en 1858, y esto dio
lugar a la construcción del sistema de alcantarillado de Londres. Fue la
revolución industrial la que inició la contaminación como un problema
medioambiental. La aparición de grandes fábricas y el consumo de inmensas
cantidades de carbón y otros combustibles fósiles aumentaron la contaminación
del aire ocasionando un gran volumen de vertidos de producto químicos
industriales al ambiente, a los que hay que sumar el aumento de residuos
humanos no tratados.
En 1881 Chicago y Cincinnati fueron las dos primeras ciudades estadounidenses en promulgar leyes para garantizar el aire limpio. Otras ciudades estadounidenses siguieron el ejemplo durante principios del siglo xx, cuando se creó un pequeño Departamento de Contaminación del Aire, dependiente del Departamento del Interior. Los Ángeles y Donora (Pensilvania) experimentaron grandes cantidades de esmog durante la década del 1940.

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